Equipo: ¡Esa sensación de jugársela juntos!

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Cuando imaginamos un magnífico equipo pensamos en un grupo de personas competentes que comparten y trabajan por un objetivo común. Actúan de manera comprometida, responsable y solidaria. Supeditan su bien individual al bien del equipo. Personas que confían unas en otras y que se respetan. Incluso más, imaginamos personas fantásticas que se llevan bien, se apoyan y se admiran. Podríamos decir que para ser un gran equipo hay que ser una piña.

Cuando supimos por los medios de comunicación que el Real Madrid que ganó la Champions League en 2014 tenía a dos pesos pesados como Iker Casillas y Xabi Alonso que al parecer ni se hablaban se me cayó un mito. ¡Los miembros de un equipo de alto rendimiento no tienen necesariamente que llevarse bien! ¿Cómo era posible ganar la competición más exigente sin ser una piña?

Los miembros de un equipo de alto rendimiento no tienen necesariamente que llevarse bien

Llevarse bien es sin duda mejor que llevarse mal. Hace la misión mucho más placentera. Bastante tiene uno con el desafío que tiene que alcanzar como para estar perdiendo el tiempo y energía en batallas internas y estériles que no llevan a ningún lado. ¿Pero cómo pudieron ganar las Champions?

Cuando nos asomamos a grandes gestas deportivas o de otra índole encontramos con más frecuencia de la esperada batallas internas de egos o visiones, que quizá no tuvieron ningún efecto positivo, o incluso tuvieron un efecto negativo, pero que no impidieron alcanzar de una manera asombrosa y prodigiosa un reto de enormes dimensiones.

Quizá la clave esté en que para que un equipo consiga grandes logros lo verdaderamente imprescindible es talento y esa sensación de que se juegan algo muy importante juntos. Entonces, a pesar de las rivalidades, el equipo tira de manera imparable en una dirección y llega más lejos de lo que nadie pudiera incluso imaginar.