Adaptación: ¿De verdad todo cambia? I

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Lo oímos y lo leemos todos los días. Vivimos en la era del cambio. El cambio es lo único constante. Todo cambia.

La naturaleza siempre ha estado en cambio permanente pero el ser humano ha acelerado los cambios en su entorno y en su vida. Cambios cada vez a más velocidad. El mundo ha cambiado en los últimos 100 años a una velocidad de vértigo y en los últimos 20 años simplemente hemos perdido la conciencia del cambio, lo hemos interiorizado tanto que parece que  hemos subido a una nave que surca el espacio a una velocidad que no podíamos imaginar.

El cambio y la abundancia que vivimos en el mundo occidental nos hacen vivir la era de lo efímero. Todo llega y se va a gran velocidad afectando a todos los ámbitos de nuestra vida. Nada es para siempre. Para siempre ya no es nada. Las cosas y las relaciones ya no se arreglan, simplemente se cambian por otras nuevas.

Y luchamos por seguir aquí cada mañana a esta velocidad de locos con el mismo cerebro que tenían nuestros antepasados hace miles de años. Las especies que sobreviven son las que tienen mejor capacidad de adaptación al cambio y parece que nosotros estamos siendo maestros en ese arte. ¿Habremos acelerado también nuestra evolución genética para adaptarnos a cambios cada vez más rápidos? ¿Cómo sobrevivimos en este mundo con un cerebro diseñado para otro tan remoto y diferente?

Nada es para siempre. Para siempre es nada…

Quizá la respuesta es que ese viejo cerebro de nuestros antepasados estaba diseñado precisamente para sobrevivir, y aunque seguro que ha cambiado también, aún conserva algunas de las características que han hecho del ser humano la especie más prodigiosa que ha conocido nuestro planeta azul.

¿Qué hace único al ser humano? Nuestro admirado Stephen Covey lo resume así:

  • Autoconciencia: tenemos conciencia de nosotros mismos.
  • Imaginación: capacidad para imaginar más allá de la realidad.
  • Conciencia moral: que nos permite discernir entre lo correcto y lo incorrecto.
  • Voluntad independiente: para elegir nuestros actos. Entre el estímulo y la respuesta está nuestra libertad interior.

Esto no ha cambiado. Además de nuestro potencial intelectual, tenemos estas 4 poderosas características que nos hacen extraordinarios.

Seguro que la órbita terrestre cambia, pero por suerte lo hace tan despacio que te animo a ver el Sol salir y ponerse cada día como símbolo de que en este mundo en el que toda cambia, aún hay cosas que permanecen. No sé qué pasará mañana pero apuesto a que sale el Sol y que seguirá ahí, quizá oculto tras las nubes, hasta que llegue la noche.

En la parte 2 de esta nota te invito a observar un faro que te puede guiar en esta travesía de locos. Un faro que no cambia.